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El dominio, el hosting y la web
El segundo punto crítico. Un dominio registrado a nombre de la agencia es, en la práctica, tu negocio en manos de otro. No suele haber mala fe, pero sí hay muchos casos de empresas que descubren el problema cuando ya quieren irse.
- El dominio a tu nombre. Comprueba quién figura como titular y como contacto administrativo, no quién lo gestiona. Se puede verificar en cualquier consulta de whois en dos minutos.
- Acceso al hosting. No hace falta que lo administres tú, pero sí que puedas acceder o solicitar una copia completa cuando quieras.
- La web, con licencias incluidas. Si tu web usa plantillas o plugins de pago comprados por la agencia, pregunta si las licencias se transfieren. Si no, la web sigue funcionando pero deja de actualizarse.
- Cuidado con las webs «en alquiler». Las fórmulas de web por una cuota mensual baja suelen implicar que no eres dueño de nada: el día que dejas de pagar, la web desaparece y no hay nada que migrar.
La prueba definitiva es esta pregunta: si mañana quisiera cambiar de proveedor, ¿qué me llevo exactamente? Una respuesta clara y rápida es una buena señal por sí misma.

















