Qué firmar con una agencia: permanencia, propiedad de las cuentas y letra pequeña

Las cláusulas que deberías exigir antes de firmar con una agencia: propiedad de las cuentas, dominio, permanencias, contenidos y señales de alarma.

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Qué firmar con una agencia: permanencia, propiedad de las cuentas y letra pequeña

De quién son las cuentas de Google Ads y Meta

Es la cláusula que más dinero cuesta cuando está mal, y la que casi nadie mira antes de firmar. Las cuentas publicitarias acumulan un histórico que vale mucho: conversiones, audiencias, aprendizaje del algoritmo. Perderlo significa empezar de cero, con los costes por conversión del primer mes otra vez.

Hay dos formas de trabajar y solo una te protege:

  • Cuenta tuya, agencia invitada. La cuenta de Google Ads y el administrador comercial de Meta se crean con tu correo de empresa. La agencia entra como usuario o gestor. El día que os separáis, retiras el acceso y todo sigue igual.
  • Cuenta de la agencia. Tus campañas viven dentro de su estructura. Al salir no te llevas ni el histórico ni las audiencias, y a veces ni siquiera los anuncios. Técnicamente es posible ceder una cuenta, pero depende de su voluntad.

La cláusula que deberías pedir es sencilla y cabe en una línea: «Las cuentas publicitarias, de analítica y el perfil de empresa en Google son propiedad del cliente. El proveedor accede como usuario y su acceso se retira a la finalización del contrato.»

Y un matiz sobre el píxel de Meta y las conversiones de Google: si están creados dentro de la cuenta de la agencia, las audiencias que has pagado durante dos años se quedan ahí. Comprueba en qué cuenta viven.

El dominio, el hosting y la web

El segundo punto crítico. Un dominio registrado a nombre de la agencia es, en la práctica, tu negocio en manos de otro. No suele haber mala fe, pero sí hay muchos casos de empresas que descubren el problema cuando ya quieren irse.

  • El dominio a tu nombre. Comprueba quién figura como titular y como contacto administrativo, no quién lo gestiona. Se puede verificar en cualquier consulta de whois en dos minutos.
  • Acceso al hosting. No hace falta que lo administres tú, pero sí que puedas acceder o solicitar una copia completa cuando quieras.
  • La web, con licencias incluidas. Si tu web usa plantillas o plugins de pago comprados por la agencia, pregunta si las licencias se transfieren. Si no, la web sigue funcionando pero deja de actualizarse.
  • Cuidado con las webs «en alquiler». Las fórmulas de web por una cuota mensual baja suelen implicar que no eres dueño de nada: el día que dejas de pagar, la web desaparece y no hay nada que migrar.

La prueba definitiva es esta pregunta: si mañana quisiera cambiar de proveedor, ¿qué me llevo exactamente? Una respuesta clara y rápida es una buena señal por sí misma.

Persona repasa las clausulas de un contrato antes de firmarlo

Permanencias y preavisos razonables

La permanencia no es abusiva por sí misma. En SEO y en contenidos, los resultados tardan meses y nadie puede trabajar bien con la sensación de que el cliente se va en treinta días. El problema aparece cuando el plazo protege solo a una de las partes.

  • SEO y contenidos: seis meses es razonable. Doce ya es mucho, salvo que haya una inversión inicial fuerte por parte del proveedor y esté explicada.
  • Gestión de campañas: tres meses. El tiempo que tarda una cuenta en estabilizarse. Más allá de eso, cada mes debería ganarse por resultados.
  • Redes sociales: tres meses. Suficiente para juzgar si el contenido encaja con tu público.
  • Preaviso: treinta días. Lo normal y lo sano. Sesenta ya empieza a ser incómodo y noventa no tiene mucha justificación en servicios de marketing.

Y presta atención a la renovación automática. Un contrato de doce meses que se renueva solo salvo aviso con noventa días de antelación es, en la práctica, una permanencia perpetua. Si existe esa cláusula, apúntate la fecha límite en el calendario el mismo día que firmas.

Contrato impreso sobre una mesa con un boligrafo al lado

Qué pasa con los contenidos y los datos al salir

Pagaste por los textos, las fotos, los vídeos y los informes. Deberían ser tuyos, y conviene que el contrato lo diga con esas palabras.

  • Cesión de derechos. Que el contrato indique que los contenidos producidos quedan cedidos en exclusiva al cliente. Sin esa frase, la propiedad intelectual sigue siendo de quien los creó.
  • Entrega de material en bruto. Fotos sin comprimir, vídeos y archivos editables de diseño. Pide que se entreguen al terminar, sin coste añadido.
  • Los enlaces. Si alguien ha construido enlaces hacia tu web y desaparecen al terminar el contrato, no eran enlaces: era un alquiler. Pregúntalo antes.
  • Los datos de contacto captados. Los leads son tuyos y deben entregarse en un formato utilizable. Y deben estar recogidos con la información de protección de datos correcta, algo que es responsabilidad tuya como titular.
  • Los informes históricos. Parece menor hasta que necesitas comparar un año con otro y descubres que solo existían en un panel al que ya no entras.

Una salida ordenada se prepara al principio, no al final. Cuando ya hay tensión, todo lo que no esté escrito se convierte en discusión.

Cláusulas que deberían hacerte dudar

Ninguna de estas es ilegal. Todas son señales de que el contrato está escrito mirando solo a un lado de la mesa.

  • «Garantizamos la primera posición en Google». Nadie puede garantizarlo, porque nadie controla el algoritmo. Si además está por escrito, es publicidad engañosa.
  • Objetivos sin números. «Mejorar la visibilidad» no es un objetivo, es una frase. Un contrato serio dice qué se entrega cada mes, aunque no prometa resultados.
  • Penalización por baja anticipada superior a lo pendiente. Que tengas que pagar los meses restantes es discutible; que pagues un extra por irte, directamente no.
  • Exclusividad sin contrapartida. Que no puedas contratar a nadie más para nada relacionado con marketing, sin que ellos se comprometan a nada a cambio.
  • Cambios de precio unilaterales. Una revisión anual por IPC es normal. «El proveedor podrá modificar las tarifas comunicándolo con quince días» no lo es.
  • Todo el trabajo descrito como «horas de consultoría», sin decir cuántas ni en qué se emplean.

Lo que sí debería aparecer, y a menudo falta: qué se entrega cada mes con detalle, quién es tu interlocutor, cada cuánto hay reunión, en cuánto tiempo responden a una incidencia y qué pasa si un mes hay un imprevisto grande, como una migración urgente.

Nosotros trabajamos así por convicción, no por marketing: puedes ver quiénes somos en nuestra página, los proyectos que llevamos en los casos de éxito, y si tienes una propuesta encima de la mesa y quieres una segunda opinión, escríbenos desde el formulario de contacto.

Preguntas frecuentes

¿Es normal que una agencia pida permanencia?

Sí, dentro de unos límites. Seis meses en SEO y contenidos y tres meses en campañas y redes son plazos razonables. Doce meses solo se justifica si hay una inversión inicial fuerte explicada en el contrato.

¿De quién debe ser la cuenta de Google Ads?

Tuya siempre. La cuenta se crea con el correo de tu empresa y la agencia entra como usuario o gestor. Si la cuenta es de la agencia, al salir pierdes el histórico, las conversiones y las audiencias.

¿Qué pasa con mi dominio si me voy?

Nada, si está registrado a tu nombre. Comprueba quién figura como titular, no quién lo gestiona: es la comprobación más importante y se hace en dos minutos con una consulta de whois.

¿Los textos y las fotos que me han hecho son míos?

Solo si el contrato incluye una cesión de derechos en exclusiva al cliente. Sin esa cláusula, la propiedad intelectual sigue siendo de quien los creó, aunque los hayas pagado.

¿Qué cláusula debería hacerme desconfiar más?

Cualquier garantía de aparecer en la primera posición de Google. Nadie controla el algoritmo, así que prometerlo por escrito es señal de que el resto del contrato tampoco hay que creérselo.

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